Modelo sociosemiótico de la comunicación
Publicado el 8 Julio 2009 en Teoría de la ComunicaciónSe asienta sobre interpretación y significación de los textos/mensajes, que pueden incluir los circuitos de producción y de consumo, y donde opera la noción de transformación.
Usualmente un solo significante trasmite contenidos diferentes y relacionados entre sí y que por lo tanto, lo que se llama mensaje es la mayoría de las veces un texto cuyo contenido es un discurso a varios niveles. En cualquier caso de comunicación nos encontramos ante un texto, que es el resultado de la coexistencia de varios códigos o subcódigos.
Concepto de texto
Es un conjunto semiótico que se caracteriza por su clausura y coherencia. Para la determinación del objeto texto, su clausura, su autonomía es un elemento definitorio. El texto debe ser coherente, es decir entrañar elementos de conexión, de entramado entre las partes.
El texto es el ámbito dentro del cual las frases pierden su ambigüedad. Contiene presuposiciones e implicaciones diversas de las frases que lo constituyen. Posee habilidades de paráfrasis diversas de las de la frase, por ejemplo la reducción hasta un resumen mínimo.
Concepto de competencia comunicativa
La competencia comunicativa podría definirse como los conocimientos y aptitudes necesarios a un individuo para que pueda utilizar todos los sistemas semióticos que están a su disposición como miembro de una comunidad sociocultural dada. Se trata, en definitiva, del conocimiento implícito (o explícito) de las reglas psicológicas, culturales y sociales presupuestas por la comunicación.
El lector y el autor modelo
Un texto, tal como aparece en su superficie lingüística, representa una cadena de artificios expresivos que el destinatario debe actualizar. En la medida en que debe ser actualizado, un texto está incompleto. Está plagado de elementos no dichos que lo hacen más complejo que otro tipo de expresiones. Todo mensaje postula una competencia por parte del destinatario y requiere ciertos movimientos cooperativos, activos y concientes, por parte del lector.
Un texto es un mecanismo perezoso o económico que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él y sólo en casos extremos el texto se complica en redundancias y especificaciones ulteriores. A medida que pasa de la función didáctica a la estética, un texto quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa, aunque normalmente desea ser interpretado con un margen suficiente de univocidad. Un texto requiere que alguien lo ayude a funcionar.
Un texto postula a su destinatario como condición indispensable no sólo de su propia capacidad comunicativa concreta, sino también de la propia potencialidad significativa. Un texto se emite para que alguien lo actualice; incluso cuando no se espera que ese alguien exista concreta y empíricamente.
La competencia del destinatario no coincide necesariamente con la del emisor. El código no es una entidad simple, sino a menudo compleja. Así pues, para decodificar un mensaje verbal se necesita, además de la competencia lingüística, una competencia circunstancial diversificada, una capacidad para poner en funcionamiento ciertas presuposiciones.
Un texto es un producto cuya suerte interpretativa debe formar parte de su propio mecanismo generativo: generar un texto significa aplicar una estrategia que incluye las previsiones de los movimientos del otro. El estratega se fabrica un modelo de adversario y debe contar incluso con acontecimientos casuales. Para organizar su estrategia textual, un autor debe referirse a una serie de competencias capaces de dar contenido a las expresiones que utiliza. Debe suponer que el conjunto de competencias al que se refiere es el mismo al se refiere su lector. Por consiguiente, deberá prever un lector modelo capaz de cooperar en la actualización textual de la manera prevista por él y de moverse interpretativamente, igual que él se ha movido generativamente. Los medios a los que recurre son múltiples.
Prever al correspondiente lector modelo no significa solo esperar que éste exista, sino también mover el texto para construirlo. Al respecto, los textos pueden ser abiertos o cerrados.
La noción de interpretación supone siempre una dialéctica entre la estrategia del autor y la respuesta del lector modelo. Un texto no es más que la estrategia que constituye el universo de sus interpretaciones, si no legítimas, al menos legitimables. Cualquier otra decisión de usar libremente un texto corresponde a la decisión de ampliar el universo del discurso. La dinámica de la semiosis ilimitada no lo prohíbe, sino que lo fomenta.
Cuando un texto se considera como tal y sobre todo en los casos de textos concebidos para una audiencia bastante amplia, el emisor y el destinatario están presentes en el texto no como polos del acto de enunciación, sino como papeles actanciales del enunciado. En estos casos el autor se manifiesta como un estilo reconocible, un puro papel actancial (yo), como aparición inlocutoria (yo juro que) o como operador de fuerza perlocutoria que denuncia una instancia de la enunciación, o sea una intervención de un sujeto ajeno al enunciado, pero de cierto modo presente en el tejido textual más amplio.
La intervención de un sujeto hablante es complementaria a la activación de un lector modelo cuyo perfil intelectual se determina solo por el tipo de operaciones interpretativas que se supone que debe saber realizar. Análogamente el autor no es más que una estrategia textual capaz de establecer correlaciones semánticas.
El lector modelo es un conjunto de condiciones de felicidad, establecidas textualmente, que deben satisfacerse para que el contenido potencial de un texto quede plenamente actualizado.
El autor empírico, en cuanto sujeto de la enunciación textual, formula una hipótesis de lector modelo y, al traducirla al lenguaje de su propia estrategia, se caracteriza a sí mismo en cuanto sujeto del enunciado, con un lenguaje igualmente estratégico, como modo de operación textual. Por otro lado, también el lector empírico, como sujeto concreto de los actos de cooperación, debe fabricarse una hipótesis de autor modelo, deduciéndola precisamente de los datos de la estrategia textual.
Por cooperación textual no debe entenderse la actualización de las intenciones del sujeto empírico de la enunciación, sino de las intenciones que el enunciado contiene virtualmente. La cooperación textual es un fenómeno que se realiza entre dos estrategias discursivas, no entre dos sujetos individuales.
Podemos hablar de autor modelo como hipótesis interpretativa cuando asistimos a la aparición del sujeto de una estrategia textual tal como el texto mismo lo presenta y no cuando, por detrás de la estrategia textual, se plantea la hipótesis de un sujeto empírico que quizá deseaba o pensaba algo distinto de lo que el texto le dice a su lector modelo. La configuración del autor modelo depende de determinadas huellas textuales, pero también involucra al universo que está detrás del texto, detrás del destinatario y también ante el texto y ante el proceso de cooperación.

